viernes, 21 de febrero de 2014

Hoy, pasado el tiempo...

En un flashback de mis pensamientos recordé un instante veraniego: una luminosa mañana de estío me desperté con el sonido de las olas rompiendo en la costa. La mañana era cálida y la ventana, abierta, dejaba entrar una brisa templada cargada de olores; olores que me recordaban tiempos pasados, largos paseos por la playa.

Salí de la cama y me vestí. Relajado, bajé las escaleras y salí al jardín para ver el nuevo día. Pisé la hierba fresca, recién cortada, y continué hacia la playa. Una vez allí, me descalcé para sentir la arena bajo mis pies. Es una sensación que espero de año en año, cada vez diferente, cada vez mejor. Anduve dubitativo, jugando con la arena, mientras sentía la brisa suave y el sol.

Pero seguí caminando, una vez volví a la realidad, por aquel camino de tierra vieja, oliendo a tomillo y encina. La realidad era bien distinta, pero no por ello menos hermosa. Después de ver el amanecer en lo alto del monte, la naturaleza se ponía en marcha. Era un día claro y frío de invierno y el vaho que expulsaba por mi boca se desvanecía en un instante en el gélido ambiente castellano. En aquella encrucijada de caminos, se podía ver el bajo monte y las tierras yermas, sin cultivar, cubiertas de un manto blanco muy fino, casi de cristal, que brillaba e iba desapareciendo al tiempo que yo caminaba. La tierra, húmeda, crujía a mis pasos y, cuando me detenía, sólo se oía una cosa: silencio. Un silencio sólo roto por el ruido de las hojas movidas por el cortante viento.


Inspiré profundamente, dejando que los olores, las sensaciones y el frío penetraran en mi cuerpo; me encanta esa sensación. En aquel momento estaba rodeado de mis pensamientos, buenos acompañantes para el caminante solitario. Pero aquella mañana eran diferentes. Normalmente me suelo fijar en el paisaje general, reteniendo todos y cada uno de los elementos que lo conforman; pero esta vez era diferente. Miraba detenidamente el suelo, analizando todo lo que en él veía. A veces asusta mirar hacia atrás. Ver nuestros errores, ver los caminos que podríamos haber seguido y jamás atravesamos. 

Hoy, pasado el tiempo, intuyo que buscaba algo. Era una sensación de frustración, inquietud, esperanza y hastío, ganas y desazón, todo junto. Hoy, tiempo pasado, intuyo que no era nada tangible, nada que poder retener entre los brazos, nada que acariciar, ni oler, ni saborear, sino solo sentir; pero ese sentimiento fue lo que me llenó de esperanza, ilusión y ganas, sobre todo, de seguir con mi camino. 


viernes, 7 de febrero de 2014

¿Sabes?

     Sé que no vas a leer esto y, después de nuestra conversación, menos. Pero, ¿sabes? estoy cansado. No se cómo no cagarla contigo. Bueno, si lo sé: haciendo siempre lo que quieres o que no se aleje mucho de ello. Y no. En eso no consiste la amistad. La amistad consiste en escuchar sin pensar "qué pesado". Si una persona te abre su alma piensa que, quizá, te considere alguien tan especial como para compartir esos momentos. ¿Sabes? alguien que llora en tu hombro te está ofreciendo el regalo más bonito que jamás te van a hacer: una lágrima sincera y el mostrarte un pedacito de su alma. La amistad consiste en ofrecerte voluntariamente corregir tu Tesis, aunque luego no quieras que vaya a apoyarte cuando la defiendas ni tenga una copia de ella simplemente porque me hace ilusión. Acompañarte al médico y preocuparme por saber tus resultados tiempo después. En decirte abiertamente si la estás cagando sin que me hayas pedido saber qué opino. En desayunar contigo las veces que hagan falta cuando cojas el autobús y sólo quieras que nos veamos en la estación. En darte un abrazo cuando sé que lo necesitas a pesar de que lo rechaces. Consiste en acercarme a un lugar lleno de gente para llevarme malas caras de tus amigos, que me presentes a personas que no tengo el más mínimo interés en ellas sólo porque me has pedido que nos tomásemos algo. 

     Me conoces bien -porque he dejado que lo hagas y no así al contrario- y sabes que muchas de tus actuaciones, por mucho que las vendas como despistes, duelen. Y duelen, sobre todo, porque eres tú quien las realiza. O quien no lo hace. 

    Me duele ver que cosas que no hacías al principio sí las haces ahora. Que no eres alguien tan especial como pensaba sino que te acercas a esa gran mayoría vacía y que sólo mira por lo suyo. No eras así. ¿Estás dolido? lo se, siempre he estado ahí. Por eso me acerco, aunque sepa que tarde o temprano me vas a dar una patada. Duelen. Mucho. No imaginas cuánto. Pero son tuyas, y siempre las paso por alto. 

     ¿Sabes? Creo que no eres justo conmigo, que no me mides por el mismo rasero que a los demás. Me pides más y das menos. Duele. Sólo tú tienes la clave para que esto no sea un adiós. Y no un hasta luego, sino hasta nunca. Y duele mucho. 

     ¿Piensas, de verdad, que veo otra realidad? A lo mejor tienes razón y tenía que haber hecho caso a quienes ven el mundo tal y como es y haber dejado esto cuando tuve que hacerlo. ¿Sabes? no lo hice porque pienso que eres diferente, una buena persona, alguien con quien compartir todo, alguien a quien tener al lado. ¿Sabes? a veces creo que me equivoqué.